11 septiembre 2013

La visita al médico

–  (Por megafonía) Ramón Velasco, pase a la consulta 1 y entre sin llamar.
–  Buenos días, con permiso.
–  Buenos días. Siéntese señor Velasco. Ramón Velasco, ¿verdad?
–  Sí, señor.
–  Usted me dirá.
–  Llevo varios meses con picores y escamas en esta zona.
–  A ver.
–  Y por aquí también.
–  Ajá. Ya veo. No se preocupe. Se trata de una dermatitis seborreica atópica constitucional.
–  Me está usted diciendo que arrastro esta enfermedad desde 1978, que fue el año de la aprobación de nuestra gloriosa Constitución.
–  Sí señor, como lo oye.
–  Pues, me está usted quitando un buen peso de encima, porque muchas personas me han alarmado diciéndome que esto tenía toda la pinta de ser una dermatitis preconstitucional, y ya sabe, para mí todo lo huela a antes de la Constitución, ¡lagarto, lagarto!
–  Se lo repito no tiene por qué preocuparse, le confirmo mi diagnóstico clínico inicial: sin duda es una dermatitis democrática.
–  Veo que sus palabras destilan diminutas gotas de alegría contenida, es que usted también es de…
–  Sí, sí, sí que lo soy. Aunque mi condición de servidor público no me permite declarar mis más profundas convicciones a pacientes desconocidos e indefensos como usted. Hoy estoy haciendo una excepción.
–  Le doy sinceramente las gracias, doctor. ¿Doctor…?
–  Doctor Domínguez, Indalecio Domínguez.
–  Un abrazo, doctor Domínguez.
–  Cómo no (se abrazan).
–  (Desde la puerta) Adiós, Indalecio.
–  Adiós, Ramón. ¡Viva la dermatitis constitucional!
–  ¡Viva! Buena mañana y buen servicio.
–  Igualmente, buenos días, tenga usted.

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