07 agosto 2017

La guerra buscada | Ángel Montilla | 07 ago 2017

Lanza montecoronado una duda al aire consistente en si la cultura  y la civilización deben acallar, primero, y acabar, después, con la violencia que emerge de querer estar por encima de mi hermano, o, por el contrario, asumir que esa violencia es el motor de la propia evolución de la civilización.
¡Ah, qué encrucijada tan crítica!
Si me dejo arrastrar por mi medrosa tendencia a evitar el conflicto y, con ella, la violencia, concluiré que el progreso y la civilización deben caminar hacia horizontes donde la diferencia y la desigualdad se curen con jarabe de dialoguina.
En cambio, si me distancio  y observo lo existente, (desde la original desobediencia de Adán hasta la última acción del grupo Arran contra el turismo masivo en Cataluña), como acciones de rebeldía contra el estatus de lo establecido y sus estáticas estructuras, pues, en ese caso, lo que hago es sólo leer párrafos de la historia universal, epígrafe a epígrafe.
En fín, ahí me veo, dividido. Me contemplo como un privilegiado cósmico que vive en unas latitudes terráqueas donde filosofar amablemente sobre el fin sanador de la cultura en un áspero y violento mundo es un lujo, un embriagador lujo que me hace creer en la opción de la tolerancia y el entendimiento y apostar por ella;  y, por otro lado,  también me descubro comprensivo y hasta perplejamente condescendiente con los acontecimientos, pues soy sabedor que ese reino que observo desde la alta almena y que se extiende más allá de las fronteras de mi piel es genuinamente violento, porque es radicalmente injusto.
No sé qué decirte, montecoronado. Es agosto y las neuronas se reblandecen sobre el capó de mi alopécica testa.

Smashes

Smashes nace como respuesta a algo escrito y encontrado por ahí y digno de ser respondido. Smashes es como la devolución de una pelota que ha subido muy alta y, en su provocador vuelo de caída, no me ha dado más opción que agarrar la máquina de escribir con la derecha, levantarla  y devolver la bola al impulso de otras palabras que buscarán una dirección siempre para mí desconocida.