En este momento
de mi vida las tres cosas que hago fuera de mis imperativos cotidianos tienen
como ingrediente principal el paso lento del tiempo. Me gusta hacer pan, me
gusta correr y me gusta escribir.
Esta mañana
mientras en la cama pasaba del sueño a la vigilia y salía de la dimensión
horizontal (la que cunduce las ideas por
escenarios imposibles), y me disponía a incorporarme y entrar en la dimensión
vertical (la que fija mi yo a la lógica
del espacio y del tiempo), justo en esos segundos a los que llamo estado
elucidario (porque alumbra brevemente el oscuro tunel del inconsciente), justo
en esos instantes, se me ha desencadenado una imparable secuencia de imágenes y
palabras. Por un lado los fotogramas de un par de sueños, por otro, los rostros de las personas que ayer conocí
en The loaf in a box *, y por último,
antes de abrir voluntariamente los ojos, tres palabras: amor de fondo.
Mientras iniciaba
en un protocolo lento el movimiento y mis pies se deslizaban por las zonas más
frías de las sábanas, me he saltado los estiramientos de los diferentes
segmentos corporales, y en un aterrizaje raudo y eficaz en el tibio piso de
madera, me he dispuesto a registrar en mi cuaderno esta revelación verbal: amor
de fondo (que, ciertamente, sabe a título de libro, de película, de canción o de
modesta columna como la que estás leyendo).
Cuando establezco
conexiones entre estas tres prácticas que liberadoramente realizo y sintetizo,
en pocas palabras, algo de la esencia de lo que me aportan, descubro: primero la constancia del correr (porque
correr es imprimir una cadencia constante al movimiento); segundo el respeto de
los tiempos de la fermentación del pan (porque hacer pan es hacer y dejar hacer
a cada cual su parte de trabajo); y tercero la creatividad de escribir
(escribir es hacer emerger a la superficie el intenso mundo, sublime o vil, que
bulle dentro en un acto creativo). Constancia, respeto y creatividad, tres
conceptos abstractos, tres sustantivos que recogen también, no podía ser de
otro modo, la sustancia del amor que practico.
Esta mañana
lloviznosa de este casi-udazken (casiotoño) navarro declaro que quiero seguir
usando mis manos, mis pies, mi mente y mi corazón para hacer pan, correr,
escribir y, por su puesto, para amar despacio y llegar lejos, lo que
sencillamente es el amor de fondo.
(*)The loaf in a box fue una experiencia entre el 1
de julio y el 30 de septiembre de 2012 que se desarrolló en San Sebastián consistente
en hacer y vender pan artesano en la calle, además de ser lugar de encuentro de
panaderos y amantes del pan.
